El balcón retro: 100 años del nacimiento de Aníbal Troilo

Sobre “Nocturno a mi barrio”

Por José María Otero

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Este poema tan difundido de Aníbal Troilo, lo escribió Pichuco en 1956. Pensaba estrenarlo en Radio El Mundo con su orquesta, acompañando al actor Santiago Arrieta.

Lo había ideado mientras estaba internado para una cura de sueño, a la que lo habían impelido su esposa, Zita, y el doctor Carlos Márquez, en la Clínica de este último. Todo un mes quedó internado para curarlo de sus excesos y los problemas que ya empezaban a perseguirlo. Lamentablemente, Pichuco era así…así…así…, y resultaba muy difícil controlarlo en las lungas madrugadas.

Para muchos fue una sorpresa cuando reapareció un día en público y se le dio por recitar el poema y grabarlo luego, acompañado por Ubaldo De Lío en guitarra. Ubaldo recordaba aquel día porque le dijo que se llevara a Aníbal Arias a su cuarteto con Colángelo y Del Bagno, en lugar suyo, porque él ya no podía hacerlo. Y la anécdota del cierre del disco que tenían que efectuar: “Teníamos que elegir el cierre del disco, pero el gordo ya tenía reuma en la mano derecha y no sabíamos qué poner. A mí me gustaba todo lo que hacía, hasta como hablaba, me quedaba horas escuchándolo mientras comíamos en Pippo (en la calle Montevideo). Ahí le dije:

-Gordo, ¿porqué no grabamos eso que recitás siempre del “Carbuña de la esquina”?”. Y yo no recordaba el título y que era de él. El gordo recitaba bien, recuerdo que una noche fuimos con la viola a la calle Chacabuco, él, Zita y yo, a la casa de un gomía que había sido quinielero, que estaba en la cama, fusilado.

-Sacá la viola, haceme algo en re menor, me dijo Troilo…

-Así eran nuestras noches. Un día me hizo ir con la guitarra española a la casa y ensayamos.

-Hasta acá -dijo-, después arreglate, yo voy a recitar.

Al otro día fuimos y lo grabamos. Me quedé tranquilo porque el L.P. quedó grabado con la voz de Pichuco.

Y Ubaldo sigue tirando del hilo:

-Todas las noches nos juntábamos (después del Odeón) en el Bachín viejo de la calle Sarmiento: Ciriaco, Pichuco, Rivero, Horacio Salgán. Venía Alfredito Gobbi… Una noche, en la estantería, había dos filas de botellas (70/80 botellas); un primo de  Agustín Irusta era mozo y el gordo le pregunta por las botellas y le hace bajar una (eran Rincón famoso). A la semana no había más botellas…

Aquiles Giacometti, que por entonces era Director artístico de RCA Víctor, recuerda aquella grabación: “Se lo escucha con su reconocible voz ronca, entre triste y enojado. Lo interpretó en un clima “de aliento contenido”, con una carga de emoción, como cuando se presiente que algo muy importante está por suceder”…Troilo tocaba el fueye y recita y suena la guitarra de De Lío.

Quienes alternaban a diario con él, sabían que le gustaba canturrear y recitar. Por algo decía que “no se trata de ser poeta, sino de vivir en estado de poesía”.

Recordar, escuchar, ver a Troilo en viejas grabaciones, escenas de películas, de actuaciones en Teatros, en televisión, es echarle un ancla a la emoción de haberlo conocido, de escuchar ese fueye que chamuyaba bajito pero llegaba con una hondura tal, que a veces ponía carne de gallina.

                                            

Tantas noches de Radio El Mundo, de milongas,  de Caño 14, de Relieve, de Re Fa Si de Mar del Plata en las cuales también estaba Piazzolla con su grupo; del 17 de agosto de 1972 en el Teatro Colón, con Horacio Salgán , Florindo Sassone, el Polaco Goyeneche, el Sexteto Tango, Edmundo Rivero y el Conjunto 9 de Piazzolla. Y Pichuco con su orquesta y la gente ovacionándolo de pie. Inolvidables todas esas noches en que lo disfruté en vivo. O en alguna mesa noctámbula con Julián Centeya y con otros amigos. En Avellaneda tenía muchos gomías bravos. Gente de la noche.

 

Nocturno a mi barrio

Mi barrio era así,

Así…así… así.

Es decir,

qué se yo si era así.

Pero yo me lo acuerdo así:

con Yacumín, el carbuña de la esquina,

que tenía las hornallas llenas de hollín

y que jugó siempre de jas izquierdo

al lado mío, siempre, siempre…

tal vez pa’estar más cerca de mi corazón.

 

Alguien dijo una vez

que yo me fui de mi barrio.

Cuándo?… Pero cuándo?…

si siempre estoy llegando.

Y si una vez me olvidé,

las estrellas de la esquina

de la casa de mi vieja,

titilando como si fueran manos amigas

me dijeron: Gordo…Gordo,

quedate aquí… quedate aquí.

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