Claudia Piñeiro nos muestra “Un comunista en calzoncillos”

José Arenas

“Los turboventiladores le traen alivio al pueblo”. Esta es una de las primeras frases con las que comienza la novela “Un comunista en calzoncillos” de Claudia Piñeiro. Después de haber incursionado con éxito en la novela policial y traer títulos como “Tuya”, “Las viudas de los jueves” o “Betibú”, aparece ahora de la mano de la autora una novela íntima, pequeña, que relata una parte de los años setentas desde el recuerdo de una mujer que, en aquel entonces veía todo con el cristal de una niña.

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“Un comunista en calzoncillos”. Claudia Piñeiro. Ed. Alfaguara. 2013

Enmarcado en el verano del 76’, la protagonista narra las desventuras de su familia bajo el hilo central de una figura sobresaliente; su padre. Allí aparecerá un deslumbramiento de la figura de la niña por la imagen paterna, aunque esta fascinación va más allá, la admiración de la niña por el padre representará lo que siente ese personaje cándido por los adultos de la época. De alguna manera la figura de su padre es la figura de su ciudad, su país, en sus desventuras están significadas las desventuras de los argentinos:

Él era delegado gremial de una empresa que criaba, evisceraba y vendía pollos; durante un largo tiempo lo buscaron con distintas artimañas intentando que hiciera algo que mereciera el despido o que harto de ser perseguido se fuera por su propia cuenta (…) Yo o decía que mi papá vendía pollos. Creía, como él, que estaba para otra cosa un trabajo mejor… (Piñeiro. Pgs.18-19)

Aquí, en este fragmento de la primera parte aparece la significación del país, a partir de la figura del padre. Aparece el gremio, la persecución de un sector hacia aquellos que escapaban de las ideas del gobierno de Isabel Perón, quien si bien era la presidente constitucional hasta ese año en que se inicia la dictadura de la Junta Militar, ya mostraba rasgos de gobierno autoritario, especialmente ligados a la figura de López Rega, otro de los protagonistas de la novela. La figura de López Rega es, en la obra, la transición, lo oscuro, lo que no está claro, la mezcla entre un presente no muy cómodo y un futuro aún peor. Es el desconcierto de una sociedad argentina en duda, que no sabe exactamente qué camino tomar.

Para ello, la sociedad pequeña en la que vive la niña dedica todos sus esfuerzos y reuniones a la planificación y creación de un monumento a la Bandera Argentina que atraiga la atención del político, la sociedad pequeña, formada por personas de clase media busca congraciarse con el poder, hecho que también tiene su costado de significación. Es la situación del país, específicamente de la clase media ante la entidad política:

La piedra fundamental se puso en la plaza Manuel Belgrano el 25 de marzo de 1938, pero el Monumento a la Bandera se inauguró recién cinco años más tarde, el 25 de julio de 1943. Casi catorce años antes que el de Rosario. En el colegio nos hacían repetir esos datos (…) muchas familias de Burzaco donaron importantes sumas de dinero para solventar los gastos… (Piñeiro. Pg. 37)

Quiere decir que, a partir de lo que se narra existe una afiliación de la sociedad respecto del oficialismo de ese momento. Esta es la muestra de la historia a partir de la memoria. Hay allí una tensión entre la memoria, como el elemento particular del recuerdo de la niñez de la narradora, y la historia, como lo universal que sucedía en el país. A partir de lo particular, surge lo universal, está borroso el límite entre lo subjetivo y lo universal, que no es lo objetivo.

Por otro lado, la novela tiene una estructura simple. Dos grandes partes que la dividen, la primera llamada “Mi padre y la bandera”, la segunda, “Cajas chinas”. En la primera, como dijimos, y como plantea el título, la centralidad de la narración estará basada en la figura paterna y, a partir de ella, la significación de lo que sucede en la historia, lo importante serán la familia, y “la bandera” como símbolo de la sociedad argentina de los años setentas.

La segunda parte, se trata de una selección de fotos y contextualizaciones de los personajes que allí se nombran, que van desde López Rega, hasta su familia y el monumento a La Bandera de Burzaco. A estas dos partes mencionadas se le agrega una “Nota de la autora” y un “Epílogo. Es interesante, además, la dedicatoria que hace Piñeiro en el libro: A Hernán, mi hermano, único testigo. El que sabe cuánto de ficción y cuánto de realidad hay en la historia. Mentira y verdad (Piñeiro. Pg.1)

Esto hace que la obra pueda ser enmarcada dentro del género “memorialístico” es decir, el hecho de que la autora recurra a la memoria personal hace que no sepamos en qué momento se trata de ficción y en qué momento hay autobiografía, además, las fotos y referencias históricas adjuntas dan un anclaje biográfico más profundo al relato. Si bien, tomamos a la novela como un hecho ficcional literario, se mezclan posibles intersticios de biografía. Existe un narrador en primera persona que rememora una subjetividad, un hecho íntimo, algo personal y lo inscribe y mezcla dentro de un campo ficticio.

A partir de ello es que aparece la intimidad, la memoria, lo propio. En esta construcción que parte de la figura paterna, lo íntimo, la familia y la historia es que Claudia Piñeiro nos muestra “un comunista en calzoncillos”.

2 comments on “Claudia Piñeiro nos muestra “Un comunista en calzoncillos”
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  2. el escri con algo no permitido?? naaaaa, jodeme. En serio?

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