Tríptica o el año de la cantante: entrevista con Mónica Navarro

 

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Hace unos días, La Mirada se encontró con la cantante Mónica Navarro. Rockera seducida y atrapada por los brazos del fueye, larga sus palabras sin dudas, con fuerza y filo. A lo largo de la charla habla y se ríe, y nosotros con ella. Es casi imposible encontrarse con esta cantante y no divertirse, no liberar la risa y pasarla bien. Hablamos con de su espectáculo “Tríptica”, que será presentado en el Teatro Solís el jueves 13 de noviembre, a las 21:00 Hs.

 

–          Primero que nada, me gustaría que me cuentes sobre el espectáculo “Tríptica”…

Bueno, me puse mística (risas). El tres, dicen, es un número cabalístico, y se juntaban dos números, el tres y el siete. Y dije, justo, son tres discos, hace siete años que estoy en este proyecto, entonces me pareció bueno hacer una especie de recorrida por los tres materiales, pero de forma “mística”. Además, siempre me dijeron que el tercer disco era el que transformaba un artista emergente en alguien con un camino, y la verdad es que, de alguna manera, sucedió eso. El tercer disco cayó a punto caramelo.

–          Ese disco, de alguna manera, fue el que consolidó “tu” año. Ganaste un premio Graffiti, el premio de composición de AGADU y te nominaron a los Grammy Latinos…

Con los premios me pasa que, como todo juego, son de verdad y son de mentira, así me lo tomo, como un juego. Cuando jugás a algo seguís la regla, pero es un juego. No hay premio ni nominación que modifique mi trabajo. Lo único que hay, es trabajar. Además creo que, lo que sucede acá, es que no se nos ocurre presentarnos. Yo creo que hay mucho material de gente de acá que quedaría seleccionado, pero no se nos ocurre.

Cuando escucho, o veo, la gente que está nominada a los premios, pienso que en realidad habría mucha gente de acá que podría quedar seleccionada. Pero a mí se me ocurrió presentarme, es eso, no más que eso.

–          Además, y pienso en el tango, es como un doble “no ocurrirse”…

Si, al tango se le ocurren pocas cosas. Además los lugares de exposición de prensa en el género son muy criticados, imaginate todos los palos que me están cayendo en este momento (risas). Incuso contradictoriamente con lo que el mismo género indicó, porque Gardel es el ícono de la prensa, del glamour. Es “El” tango y a su vez, todo lo que hizo es lo que no se debería. Es una contradicción, la cola y la cabeza comiéndose a sí misma, porque siempre nos quejamos de no tener difusión, pero si alguien la tiene, empiezan las boludeces, si es tango, si no es tango. Que cada uno haga lo que tenga ganas…

–          En “Calle”, por ejemplo, que termina de consolidar un estilo ¿recibiste alguna crítica?

Te voy a decir sinceramente; si las recibí, no me importan. Hay gente que tiene cierta honestidad y me han dicho “lo que hacés es una cagada”, y eso me parece genial, lo que sería terrible sería la intrascendencia. Si lo que hacemos te enoja, me encanta. Y si te encanta, me encanta. Lo que no quisiera es pasar por ahí y que nadie lo note. En eso rescato las palabras que me dijo una vez Macunaíma -Atilio Perez da Cunha-, me dijo “no hagas del tango un desodorante”, esas palabras las llevo agarradas. Yo muchas veces lo veo así, no todo, pero cuando aparece esa cosa de cliché, es feo. Repito, que cada uno haga lo que quiera, pero tengo un gusto personal. Hay gente que me ha dicho que no le gusto, pero en general existe la crítica que uno se entera, que no es cara a cara.

Respecto a eso, hablamos de la crítica por la espalda que suele tener el género. El tango tiene algunos espacios y grupos de personas que creen ser los dueños de una magia única que no todos pueden alcanzar. Así surge el grupo de “maestros” que deciden quién entra y quién no, en esa camada de los “iluminados por el bandoneón”. Por eso, por muchos años, costó que los jóvenes se acercaran a meter las manos en el asunto. Nadie podía verse reflejado en ese club de “únicos” vestidos de frac, con un puñal de malevo extinto entre los dientes. Se trata de lo que el poeta Alejandro Szwarcman llama “La secta de la gomina”.

Yo hago música porque es sanador, me divierto, me da alegría orgánica. Además, hago música porque me dan ganas de compartirla, al menos como yo la vivo, es como poner frente a los ojos del otro, una herramienta distinta a uno, toma cuerpo según como los otros lo vean. Se forma, o no.

Hay un problema con el verse, con el ser visto, si te ven, cuánto te ven. Yo quiero que me vean, que nos vean. Me pasa con el tango, que lo amo y lo odio y estoy todo el tiempo en esa tensión. Siempre hay crítica con los compañeros y digo, “dejemos vivir”. Para que se cocine el puchero tiene que haber de todo, cosas mal cortadas, bien cortadas, pero tiene que haber todo para que tome sustancia. Yo me reivindico como alumna y como mediocre, ese es mi lugar. No sabremos, pero queremos saber.

–          ¿Cómo hacés, en general, con la elección de temas?

Me saco gustos, de cosas anteriores, por ejemplo, “Kilómetro 11” es un tema de mi niñez, es la casa de mi abuela, y me encanta. Todos esos temas que elijo son gustos, si te gusta capricho, también, son caprichos. Y después, escucho música y hago las canciones que me hacen llorar. Hay cosas que escucho y no puedo parar de llorar, por ejemplo ahora para “Tríptica” vamos a estrenar “Oración del remanso” de Fandermole. Y lloro, y lloro, y me emociona mucho.

–          ¿Y la idea de tanguear temas de rock?

Yo creo que el tango trasciende el género que vos puedas estar haciendo, por eso si quisieras conocer el jazz estarías en Misisipi, y si quisieras vivir la atmósfera del tango estarías en el Río de la Plata, y eso pasa con la música. Charly, por ejemplo es alucinante, parece que siempre hay una serie valorada y otra, que no tiene el mismo camino, siempre es como subvalorada. De mí, habla mucho más Charly García que Manzi, y no es que no me conecte con Manzi, que me parte la cabeza y el corazón. Pero cuando Charly dice: “los amigos del barrio, pueden desaparecer”, yo doy fe. Habla mucho más de mi generación.

–          Una vez dijiste que el tango no se metía con nada y por eso te encantó “Calle”, que sí habla de lo social…

Bueno, hablando de que “los amigos del barrio pueden desaparecer”, siempre me pareció que algo que estuvo buenísimo del rock es que fue contando la historia que le tocaba. Fue contemporáneo al suceso, y el tango no, quedó en una especie de suspenso histórico, el rock es más irrespetuoso, y por molesto siguió contando lo que sucedía, y el tango quedó en el frac y el vestido con brillo.

–          Y respecto de eso, acá en Uruguay, ¿cómo es tu relación con lo que Alejandro Szwarcman llama “la secta de la gomina”?

Bueno, yo tengo muy buena relación, parto de la base de que cada uno tiene que hacer lo que mejor le plazca sin romperle las pelotas al de al lado, entonces tengo muy buena relación. Pero si hay una cosa dirigida a hablar mal del resto, prefiero salirme de eso.  Hay algo lindo en el que investiga, en el que se enrosca en la historia, una curiosidad que corre por un lugar distinto al de la canción. Yo creo profundamente que, como diría mi profesora de canto, se puede manejar un auto y no ser mecánico. O sea que, se puede cantar algo, conmoverse y no saber en qué año fue compuesto y cuándo nació el autor, eso está genial de todos modos, pero no es excluyente.

–          Volviendo a “Calle”, otra cosa novedosa es que escribís letras…

Si, gracias a Álvaro Ojeda, que es muy generoso, a quien le mando cosas y las lee, pero las lee de verdad, me manda comentarios, me corrige, me lleva por un camino, por otro. Era como una necesidad, de alguna manera, antes hubiera sido una mentira, pero ahora es como un deseo. Vivo grabando cosas, frases, melodías. La otra vez iba caminando por la calle Reconquista y aparece un flaco, bichicome, medio loco y me dice: “yo soy Cristo, la máquina del sistema, muchas veces incluido en la bolsa cambiara” o algo así. Y lo guardé, porque fue genial, era loco, pero a la vez no. Fue raro.

–          Y para el espectáculo del Solís, entonces, ¿qué novedades hay?

En general lo que está buenísimo es que el repertorio que uno tiene es muy grande, entonces me cuesta mucho cerrar el orden. Ahora voy llegando a uno que me gusta, pero novedades, además de temas que vamos a estrenar, no hay. Es la alegría de compartir, de tocar en buenas condiciones técnicas, con escenografía, es un momento muy lindo.

–          ¿Es como un festejo?

Sí, es un festejo. Yo siempre les digo a mi hermana, a mi vieja, a los conocidos; “el día de mi cumpleaños, si no querés, no vengas, no me regales nada, no me importa. Pero si hay un día de concierto, pensalo, me puedo llegar a enojar”.

–          Y, ¿quién es Mónica Navarro?

Ah, no. No, no. Ni idea.

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