“La novia del incendiario”: una novela de Sebastián Pedrozo

 

Por José Arenas

¿Sabe usted dónde está ahora su hijo adolescente? ¿Cómo sabe que no está quemando cosas? ¿Cómo sabe que, ahora, no le está prendiendo fuego a su pasado y a sus dolores? ¿Cómo sabe usted que ahora, en este momento, no tiene en la garganta un llanto caliente, como una llama? ¿Sabe acaso si ahora no está cometiendo el delito de enamorarse?

Sebastián Pedrozo trae todas esas preguntas de la mano de sus personajes en “La novia del incendiario”, una novela de la Serie Roja de Alfaguara. La novela propone una estructura  y un lenguaje para un público adolescente, o preadolescente, pero lo cierto es que conmueve de tal manera que le haría bien leerla a muchos adultos.

Aquí estamos nosotros metidos en el relato de Dante, un joven que vive en un pequeño balneario con su padre y que tiene un grupo de amigos. Allí empezará a descubrir el mundo, una vez que traspase los límites del poblado, cuando vaya más allá del “Monte Grande”, un monte donde habitan unos extraños seres que le revelarán ciertos secretos. A partir de ese momento conocerá algunas caras de la vida que antes no había visto. Los motores del hombre: el arte, la muerte, la amistad, el amor.

“Lo curioso de llorar cuando se anda en bici es que las lágrimas salen volando, sin tocar siquiera un centímetro de tu piel. Es como si jamás hubiesen estado ahí”.

Dante tiene una extraña relación con el fuego, que, sin embargo, es un rito casi milenario aunque él lo desconozca. El fuego en su vida lo ayuda a exorcizar, le quita los dolores, la bronca, las penas. El fuego lo entiende más que nadie. Y Dante entiende el fuego, no en vano su amigo Mario lo llama Dante Infierno.

“Me gustó haber cumplido con mi promesa. Me gustó que el fuego transformara el papel en ceniza gris. ¿Creen que estoy loco? ¿Qué está mal lo que hice? Puede ser”.

Por otro lado tiene amigos a los que quiere y defiende. Y amigas, de las que se enamora. Esas personas lo ayudan a meterse a la vida por la ventana, robar alguna sonrisa, alguna lágrima también, y aprender. Y crecer.

Pedrozo dibuja un paisaje en la ficción que es justo, apropiado y poético para atrapar a cualquier joven. No es una excusa triste para venderle un producto vació a ningún adolescente. Es una novela sólida, bella, necesaria, que respeta a los jóvenes a través de una escritura rica, que los hace pensar, que les regala paisajes poéticos y que los conecta con sus pasiones. A todo esto se le suma una cuidada pero para nada purista introducción de la temática “queer”, la dificultad de aceptar la diversidad en los jóvenes y el amor de los amigos pase lo que pase.

Podemos decir que todo esto hace que “La novia del incendiario” nos haga ser Virgilios acompañando el camino de otro Dante, uno adolescente. Pero que no va por el infierno. No. Todo lo contrario.

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“La novia del incendiario” Sebastián Pedrozo. Ed. Alfaguara. 2014

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