Actuar para vivir: entrevista con Jorge Bolani

Por José Arenas

Referente, indiscutible ya, de la escena dramática montevideana, en estos tiempos y en los que vendrán, protagonista de varias de las ficciones más trascendentes de la TV uruguaya como “Constructores”, y de películas fundamentales como “Whisky”, con setenta años de edad, Jorge Bolani se retiró de la Comedia Nacional en Julio de este año. En una entrevista con La Mirada, el actor nos cuenta sus comienzos, sus proyectos actuales, de su forma de elección de obras y deja claro que su eterna e irreductible pasión es actuar.

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Foto: Betina de Bernochi

 

–          ¿Qué diferencias hubo desde el primer escenario que pisaste, hasta tu retiro de la Comedia Nacional con la última función de “La Visita” en el Teatro Solís?

Yo llevaría la diferencia a mí persona, más que al escenario. Tuve la suerte de pisar por primera vez un escenario bastante joven, inaugurando un teatro que todavía está, que es la sala “Millington Drake”, del ANGLO, éramos un grupo de estudiantes de teatro y de inglés. Ahí había un grupo de teatro y me ofrecieron integrarme a hacer teatro en inglés, no imaginábamos que íbamos a terminar inaugurando la sala. No había un elenco estable, ni profesional, tuvimos la responsabilidad esa, y estábamos parados atrás del telón, muertos de miedo haciendo una obra de Noël Coward que se llama “Álbum de familia”, para mí era una doble satisfacción porque a mí me fascina el idioma inglés. Entonces hacer teatro utilizando el idioma era una maravilla, lástima que fueron muy poquitas funciones. Era para la colectividad, los estudiantes, los profesores, y no daba para más. Yo me recuerdo muy asustado, tratando de recordar toda la letra y no defraudar con la pronunciación inglesa, de hecho teníamos, además del director, una persona que nos controlaba el “accent”, un asesoramiento. Fue maravillosa la experiencia, cada vez la valoro más con la perspectiva del tiempo. El director de la obra se llamaba Eduardo Malet, que fue uno de los fundadores, sino el fundador del “Teatro Circular”, un hombre que dirigió mucho teatro. Le gustaba mucho hacer docencia y formar actores, de hecho nosotros nos estábamos formando, yo no había iniciado oficialmente mi carrera en el “Teatro Circular”, porque después de la obra en inglés me quedé cinco años en el grupo. Representé no menos de ocho obras en inglés. Un día abrí un diario y había un aviso del “Teatro Circular” llamando a aspirantes para la escuela de arte escénico, y ahí me tiré de cabeza. Ahí me quedé treinta años.

Lo que mantuve y mantengo, es una vocación. Yo a esta altura le llamo pasión, que es una forma de vivir, de ser. No puedo estar muy lejos del teatro, he tenido experiencias en televisión, en cine, en publicidad, pero mi primer y gran amor es el teatro, y siempre volveré al teatro, específicamente en calidad de actor, me siento más actor que director. Puedo encontrar obras que me peguen entre ceja y ceja y dirigirlas, pero normalmente soy un actor.

 

–          O sea que, finalmente, quedaste mucho más tiempo del estipulado…

El teatro me atrapó desde el primer momento, y hacerlo en inglés me cerró más todavía. Pero yo tengo una constante en mi infancia, y es que yo vivía en frente del teatro “El Galpón”, no del actual, sino del primero, que era una vieja barraca que estaba en Mercedes y Roxlo y que después, a pulmón, los primeros fundadores lo hicieron allí, que era un teatro de ciento veinte localidades, y yo vivía en frente. Cruzaba la calle y me metía ahí, y ya debo haber quedado marcado, porque me quedaba horas adentro, mirando los ensayos, cómo se maquillaban. Y un día me invitaron a participar, con nueve años, le pidieron a mi madre si podía aparecer unos breves instantes en una obra de Shakespeare, “Sueño de una noche de verano”. Ahí me pintaron de verde e hice de duende. Históricamente, en realidad, esa fue mi primera vez en teatro.

 

–          ¿Cómo fueron los distintos procesos de trabajo en la Comedia Nacional y en el teatro independiente?

Es una buena pregunta, porque implica varias diferencias. Son dos familias diferentes, con todos los pros y los contras que tiene un grupo humano. Es un segundo grupo familiar, uno se pasa ahí horas, y el teatro es un arte colectivo, implica involucrarse mucho con lo que hace el otro. Cuando estás allí tenés que preocuparte por lo que dice el otro, no podés estar como un ente autónomo. A veces uno va a ver teatro, y lamentablemente ve que algunos actores están esperando el momento en que le toque hablar, parecen plantas, con todo respeto, y cuando interactúan es cuando se animan. Si yo estoy en el teatro y te tengo que escuchar, te tengo que escuchar de verdad, tengo que estar pendiente, viviendo contigo la experiencia, eso que parece tan sencillo no siempre se da, o se da pero mal, no se da en el centro. Eso por un lado, estar conviviendo con lo bueno y lo malo que tienen todos los grupos, porque todos somos diferentes, a veces planteamos con mucha fuerza el exceso el yoísmo, el exceso de exposición, algo un poco individualista. Eso es muy pernicioso en la vida y en el teatro, más porque necesita de una contención colectiva.

Como lugares físicos, el “Teatro Circular”, plantea espacial muy distinto, mucho más intimista. Tiene dos salas, la clásica, y una aún más chica que va variando en la capacidad, actuar allí entonces te lleva a un tipo de actuación diferente a la del “Solís”, “El Notariado”, o la “Sala Verdi”, donde tenés que utilizar una proyección de la voz mucho mayor. “El Circular” plantea una verdad absoluta, todo tiene que ser más creíble, vos estás a un metro de los actores, los sentís respirar, eso produce un tipo de actuación diferente. A veces notaba que a los espectadores les da un poco de vergüenza que los actores estén tan cerca. Se sienten intimidados, pero es maravilloso y yo me formé en eso. Después tuve que acostumbrarme a los espacios más grandes, pero no sentí gran diferencia. Cuando entré a la Comedia Nacional ya era un tipo grande, ya había tenido experiencias hechas por mi cuenta, y algunos teatros no tienen nada que ver en sí.

Además, con el “Teatro Circular” fue diferente porque yo fui integrante de la comunidad, era más que un actor, además era otro Uruguay, no había boleteros, ni acomodadores, hacíamos todo nosotros, era el teatro independiente de otro país. A veces la gente me veía acomodarlos en la platea y después, al rato me iba a cambiar y me veían actuar. Las sociedades cambian, se crean cargos, y un día nos vimos desbordados, no vivíamos de eso, a lo sumo era un dinerito extra pero teníamos que llevar libros, contabilidad, era mucho, cuando para nosotros eso era una changa, como se dice vulgarmente, sagrada y bendita changa porque era vocacional. A partir de que se pagó el primer sueldo a alguien, la cosa empezó a cambiar, no digo para mal, empezó a ser diferente. Alguien se encargó de la boletería, alguien de la propaganda, y cambió la cosa, porque se necesitan esos cargos, hay entidades teatrales que son muy grandes y complejas, eso es necesario.

 

–          ¿Cómo es elegir tus propios proyectos?

Estoy en eso ahora. Mientras que estuve en “El Circular” y en la Comedia Nacional, en el ochenta por ciento de los casos en “El Circular” y en el cien de la Comedia, yo no elegía lo que hacía. Porque se elige una obra, un director y ese director elige el grupo de actores. Es una etapa compleja para adecuar a cada uno a su rol. En la “Comedia Nacional” vos sos un engranaje que se llama actor o actriz, tenés trabajo, te pagan un sueldo, es un lugar híper privilegiado. En el teatro independiente hay que remar, son cooperativas, si la obra va bien vos ves un peso, pero es un nivel cooperativo, no te podés jugar tu vida a que vas a tener todos los meses la misma suerte.

El teatro  independiente, ahora es más flexible. Durante muchos años me decían qué rol hacer, qué obra, con qué director, se ensayaba y se presentaba. Desde hace algunos años se eligen entre todos, a mano alzada luego de una lectura colectiva, es bien democrático. A veces se llama directores para ver si tienen alguna propuesta, o a veces a partir de la obra se ve qué director podría ser el adecuado.  Y cuando se escucha una obra no hay por qué aceptar trabajar en ella, ha habido tanto problema que se eligió no presionar a los compañeros para que tomen tal o cual personaje. Cada uno dice interiormente si hay roles que no le dan para lucirse, y a veces la gente se borra, no tengo empacho en decirlo. Creo que, si sos integrante, en lo posible tenés que tratar de aceptar la propuesta, en otras épocas ser integrante era sagrado, pero hay que aceptar que la vida cambia. De todos modos la obra se hace, si no es conmigo será contigo.

Mis proyectos ahora salen de mí, tengo libertad absoluta, y estoy en eso, armando mi agenda. De hecho ya acepté dos compromisos, uno ya está armado, empezamos a ensayar en febrero con la dirección de Jorge Denevi, es una obra norteamericana que se llama “Los elegidos”, es una comedia de Teresa Rebeck. La vamos a hacer en “La Alianza” con Noelia Campo, Cecilia Sánchez, Sebastián Serantes y Alfonso Tort. Tenemos una productora que se llama Carolina Escajal, que se encarga de la producción ejecutiva, estrenaremos a mediados de abril.

El otro es increíble, voy a hacer, después de diez años, una obra que fue la primera que hice en la Comedia Nacional con los mismos actores que la estrenamos, que son Pepe Vázquez y Julio Calcagno, la obra se llama “El viento entre los álamos”. La estrenamos en el 2005 y ahora la hacemos por las nuestras, en una producción independiente.

 

–          Y respecto a eso, ¿cómo sabés si una obra es para vos?

Me proponen una obra, o yo la leo. Yo la veo y ahí se siente, es como un flechazo, es como el amor, hay un “feeling” a primera vista, no podés dejar de leerla. Eso no asegura que después la vaya a hacer bien, pero el primer enamoramiento es como una regla de oro.

De alguna manera la obra, o el personaje te elige. Después en la etapa de ensayo, como siempre, sufrís como loco hasta que no te encajás, no es sólo aprender el texto, hay que internalizar quién es ese tipo, a qué época pertenece, qué problemas tiene, recrear eso. Muchas veces he desechado obras porque no me veo allí, hay algo que me rechaza, que es difícil porque es subjetivo, a veces puede haber algo diferente y es que viene un director que te ve en ese personaje, y si uno lo respeta confía en ellos. Hay directores que son maestros, uno los tiene en un lugar de privilegio y respeto. Eso pasó en una obra escrita por Margarita Musto, ella hizo una obra sobre el pasado reciente de Uruguay, de una época posterior a la dictadura donde reunió mucho material de las declaraciones de una enfermera que trabajó para el régimen de facto, y muchos años después fue a una comisión y relató los hechos que vivió siendo enfermera de los militares que actuaron en ese período. Y relató una serie de peripecias individuales terribles. Los personajes eran tres, una enfermera, una amiga íntima y un hombre, ese hombre, militar, es el ejecutor del asesinato de Zelmar Michelini. Algo irregular pasó que los testimonios de la mujer fueron publicados, entonces desde el momento de la publicación el hecho no se investiga más, no recuerdo exactamente el año. Pasan muchos años y los hechos se investigan más, se tiene más acceso y, finalmente, Margarita Musto arma una obra, y el director me eligió para el rol masculino, la obra se llama “En honor al mérito”. Cuando vi que era un asesino, que además no tiene nombre en la obra, llamé al director y le dije que no podía. No me veía y, si me viera, creí que emocionalmente no resistiría hacer eso, el hombre en la obra está alcoholizado, bajo alguna otra sustancia, está en una situación límite, horas después del hecho. Vos tenés que recrear el estado de ese tipo, sacado, zarpado. Después el director me volvió a llamar, proponiéndome la obra de nuevo, confiando en mí y en mi temperamento artístico, y le dije que sí. Y bueno, nos fue muy bien, a pesar de que la obra era muy dura, durísima por la época que retrata. Gané el premio al mejor actor del año, no lo digo para hablar de mí, sino para que veas cómo fue el proceso.

 

          Una vez dijiste que “…la profesión artística de religioso en el sentido de dedicación…”, en ese sentido ¿tu vida fue muy religiosa?

Si, asumo que sí, lo digo sin ninguna ostentación de nada, creo que lo que debo es asumir la verdad, y la verdad es que uno es muy obsesivo en el trabajo, con el período de ensayo, de estudios, hay que romperse mucho el lomo en el sentido de estudiar de qué se trata este tema del teatro. Cuando uno está en el proceso de creación, insume involucrarse psicológicamente, emocionalmente, yo cuando estudio una obra de teatro no le doy bola a casi nada, porque me toma, es una cosa mística. Yo me recuerdo en “El Circular”, pasando por los pasillos, abrir la cortina y mirar el escenario vacío y ver eso como si fuera un lugar sagrado. Hasta cierto punto hay una cosa mística, un desprendimiento de uno y hay una entrega. Uno lo que hace es entregarle al espectador el bagaje emocional y racional, uno da todo, si no se entiende así, algo no anda bien. Así que, por suerte, sigo entendiendo mucho. Lo peor en el teatro es aburguesarse, que es buscar los lugares cómodos de la actuación, hay que buscar el camino, no quedarse en lo seguro. Cosa que, por otro lado, no asegura el éxito, pero siempre te asegura estar más cerca de comunicarte con la gente.

 

–          ¿Quién es Jorge Bolani?

Jorge Bolani es un tipo tranquilo en lo que se ve, con algunas procesiones por dentro que no se ven, aunque a veces, la gente que me conoce las ve. Me puedo quedar, como aquí contigo, esperando una vida antes de responder, creo que tengo bastante equilibrado el porcentaje entre lo racional y lo intuitivo, lo espontáneo. Siempre algo gana, pero soy un tipo tranqui, que si lo provocan mucho a veces puede estallar en forma desmesurada e injusta para con el que lo hizo estallar. Como me definió un compañero de teatro en una entrevista que le hicieron, “es un muchacho de barrio”, porque yo me crie en un Uruguay que ahora existe en pocos lugares, que es el país con barrios, jugando a la pelota en la calle, mirando mucho deporte, haciendo mucho deporte, teniendo novias muy joven y noviazgos largos. Me considero un buen padre de familia, lo considero por los frutos, porque no voy a tener la soberbia de decirlo, pero creo que, mal o bien, a través de los hijos uno ve cosas que dice “esto puede haber salido de uno”, rasgos que están buenos. Trato de que no me ganen algunas cosas que no quiero para mí, trato de no ser indiferente, creo que a veces la indiferencia puede ser peor que el odio. Trato de no traicionar a quien confía en uno, a nivel profesional y humano, que es fundamental. Soy muy colgado con la música. Pero por suerte la actuación siempre me va a llevar a un lugar donde la adicción pasa a ser el teatro, ahí ya se moverme en unos parámetros que conozco.

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