Entrevista a Luis Bravo: todo pasa por la voz

Por José Arenas

La Mirada se encontró en los pasillos del IPA con Luis Bravo, docente, poeta, ensayista, periodista y performer. En medio de los salones con estudiantes que rendían exámenes nos entrometimos a buscarlo. Allí lo encontramos en su salón mientras otras dos profesoras observaban a los estudiantes completando su instancia escrita de examen, así que, buscamos una sala vacía y nos pusimos a escuchar su voz. Tarea compleja, por cierto, para quien ha sido uno de los más entusiastas analistas de este concepto especialmente ligado a la poesía. Como dice el título de uno de sus libros; “Algo pasa por la voz”. Y es la voz la que lo lleva a la instancia poética. En definitiva, se le vuelve un instrumento y un concepto tan complejo como fundamental.

En principio, comenzamos haciendo algunas humoradas respecto de algunos malos narradores. De esos escritores que insisten en algo que pareciera no salirles. Pero de todos modos eso lo decimos nosotros, no lo hacemos a Luis partícipe de esta idea. Sin embargo, en medio, nos confiesa que las novelas lo aburren, exceptuando nombres como Proust u Onetti entre un par más, el resto no logra captar su atención: “busco la sorpresa del lenguaje, no lo anecdótico”, dice. Lo que si rescata es la composición del cuento, dice que le parece que conserva algo de lo poético. Entonces, de la poesía, de lo poético y de las rupturas, hablamos con Luis Bravo.

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Foto: Betina de Bernochi

 

–          ¿Vivimos una época poco poética?

Me pregunto si ha habido épocas poéticas. Es una contra pregunta que puedo hacerte. ¿Qué épocas han sido poéticas? Para nosotros los 80´ desde el lugar en que estábamos no eran poéticos, era la salida de un largo túnel oscuro en el cual lo poético era necesario, imprescindible, pero no que nos preexistiera o que nos amparara. Era algo que teníamos que crear, una herramienta de crecimiento y de transgresión del discurso del cual provenía la sociedad de la dictadura, un discurso anacrónico, anquilosado. Y sí, posiblemente, se producen idealizaciones de la historia, y nosotros que habíamos crecido en la década del 60´ creíamos que era poética, pero a través de la música. Era una época en la que sí, podemos confirmar que hubo un estallido de lo que se llamó música popular. Y ahí yo había encontrado mis primeros links poéticos, a través de Jim Morrison, Ian Anderson, Peter Sinfield, que trabajaban con King Crimson, como poeta y letrista. También Lennon, Bob Dylan, Leonard Cohen. Luego Laurie Anderson expresaba esa mezcla entre música, poesía y performance que nosotros queríamos experimentar.

Los 80´ para son muy importantes porque tras el terrible paréntesis de los setenta y poco hasta el ochenta y cinco, que atañe a toda Sudamérica, lo que había quedado pendiente de los sesenta, la impronta del sesenta y ocho, que pude estudiar desde adentro con la obra inédita de Íbero Gutiérrez, era algo que había que retomar. Y los vínculos eran la poesía, la música y eso que llamamos performance y que en los 60´ llamaban “happenings”. Esos eran los lenguajes que retomamos.

 

–          ¿Esos lenguajes eran más necesarios?

Éramos bastante poco pragmáticos. Había una filiación que tenía que ver con lo estético y con lo ideológico, con las posibilidades de enunciación. La poesía no necesita más que la escribas en un papel o que te pares a decirla. Ahora, sí tomábamos conciencia de que ese pararse frente a alguien debía aportar algo a su tiempo, a esa circunstancia. Esa filiación con la circunstancia que tienen los artistas de los 80´ es la que encontrábamos en parte en los artistas de los 60´. Nosotros leíamos desde Julio Huasi y Juan Gelman hasta las vanguardias del 20´, que las retomamos teniendo conciencia de que en Uruguay las vanguardias latinoamericanas no habían sido asimiladas, de que había habido una especie de desprecio de lo que había sido, por ejemplo, Alfredo Mario Ferreiro, al que se tildaba de humorista. Y que se tenía apenas un poco más de aprecio por Oliverio Girondo, pero no por su parte más vanguardista, sino su parte más lírica. Entonces ese doble link entre la poética, llamémosle, del rock de los años 60´ y la de vanguardia de los años 20´, era retomado, ajironado al momento de los 80´, entonces produjo nuevas respuestas estéticas, porque había un trabajo de experimentación permanente, consciente en la medida en que lo que se producía era un trabajo grupal como Ediciones de Uno, e ir a un sindicato o a una reunión estudiantil a decir poemas y la necesidad de pensar que eso tenía que ser hecho de una manera estética y no predecible. Hay una conciencia estética pero no una predeterminación de “¿qué voy a hacer?”. Y eso lo fuimos probando y haciendo con resultados diversos, algunos irrelevantes incluso, pero que denotaban un gran aprendizaje.

 

–          ¿Ves ese tipo de cosas renovadas en nuestras generaciones?

Pienso lo siguiente; se ha pronunciado aún más algo que estaba en los 80´ que es la heterogeneidad, la multiplicidad de discursos y de opciones, veo menos experimentación entre los códigos propiamente poéticos y veo que quizás se cuida menos la composición del valor poético en lo fónico o en la palabra que en su enunciación. Veo una gran avidez por mostrar, por decir, y eso creo que tiene que ver con los medios.

Una de las cosas que plantea Luis, es que la poesía tiene dos voces. Una que va de forma interna y que puede estar plasmada en el papel, que puede ser el soporte o el formato escrito. Y la otra, que es la que va en la “puesta en voz”, concepto que él acuña, o en lo performativo del hecho poético. En ese sentido le señalamos que algunos de sus poemas parecen partituras en tanto que hay una predisposición a decirse. Llaman al sonido, piden ser pasadas por la voz.

Y a su vez veo lo que ya estaba predicho y lo he venido planteando durante mucho tiempo y es que vamos a atravesar todo un período en el cual esto que llamo la “puesta en voz” o performance poética, es lo que mayormente produce un contacto con las audiencias, mientras que la escritura y el libro como soporte atraviesa una crisis del lectorado. Hay una crisis porque el lectorado se ha reducido. Es mucha menos la gente que lee que la que va a escuchar, mucho menos la gente que va a una librería a comprar poesía, y además las librerías no los ofrecen, porque, ya en el año noventa y cuatro publiqué un artículo en “Brecha” que se llama “El discurso inútil”. Yo he estado por dentro de la producción de libros, Ediciones de Uno era también una editorial en la que participaban Maca, Daniel Bello, El Cristo Olivera, Bardanca, Agamenón Castrillón, Silvia Guerra, DiegoTecheiray en ese momento yo constato que el concepto de mercado que está introduciéndose, en un diseño neoliberal –y el gobierno de Lacalle es una marca histórica en ese sentido-, deja, al entrar las multinacionales a producir libros, aún más en evidencia que, salvo los esfuerzos de editoriales independientes, la poesía no va a ser un objeto de mercado. Ese fenómeno que tiene que ver con el capital y los intereses, es el que lo llevaba a Gelman a decir: “el capitalismo es antipoético”. Sin embargo, el capitalismo ya llevaba muchos siglos y la poesía formaba parte del lectorado, entonces no era sólo ese punto, había otro elemento y es que, como había adelantado McLuhan en los 60´ con “La Galaxia Gutenberg”, nuevas teconologías de grabación eran elementos que iban a poder conectar la performance en vivo con las audiencias. Eso no sólo pasó con la música sino que pasó con un arte que, por naturaleza, por historia, siempre perteneció a un cruce entre el sonido, la música y la palabra, que es la poesía. La poesía es un arte para ser dicho, no sólo para ser escrito. Con eso empezamos a trabajar con Ediciones de Uno, produciendo libros y recitales, llevamos los poemas del libro al escenario.

Algo que sucedía en esa época, es que los jóvenes y la gente en general, se acercaba mucho, muchísimo a esos recitales de poesía o a esos espacios donde había una confluencia de lenguajes que rompían con la tradición y que, entre otras cosas, contaban con performances, conciertos, actividades musicales, poéticas y artísticas en general. En los 80` eran muy concurridos lugares como “Amarillo” o “Juntacadáveres”. Al respecto de eso, dice Bravo a La Mirada;

el detonante es “Arte en la lona”, un hito en ese contexto de la movida contracultural, y eso ya mostraba que había por lo menos dos vertientes de una generación de los 80. Una de los que tenemos a lo largo de los 80´ entre treinta y cuarenta años, y otra de los que tienen veinticinco a treinta y cinco, y ahí confluyen en un momento histórico, se yuxtaponen y se retroalimentan. Entonces ahí había una intensidad que estaba en los discursos permanente de la prensa, de los artículos como los de Raúl Forlán, que fue un aporte importante de estilo y mirada, allí se vio que había algo que el Uruguay había ido negando; una juventud dispuesta a hacerse escuchar. No por casualidad ese mismo período de redemocratización coincide con una represión muy importante de racias contra los jóvenes, que no vamos a olvidar. Esas racias juveniles fueron el síntoma claro de que había una sociedad que no estaba dispuesta a darle una voz a los jóvenes. Una voz que reclamaban y que nosotros íbamos a tomar.

Luis propone, respecto a esa voz nueva que los jóvenes reclamaban, y a ese fenómeno que formó a los 80´, que fue revisar para crear, una cita que hace a Scott Fitzgerald, quien, al referirse al concepto de “generación” pone en juego un matiz. Se trata de que una cosa es una generación etárea que puede renovarse o no cada quince años como planteaban los españoles, pero en otro sentido, ya más complejo y artístico, hay generación cuando en un tiempo, para hacer arte, se junta lo que estaba desperdigado antes, y se lo une a lo que va a venir, rompiendo así un discurso. Eso pasó en los 80´, referidos a la estética y también a la ética.

 

–          ¿Te parece que hoy sucede algo similar? ¿Puede suceder lo de “rescatar y reutilizar”?

Creo que estamos en tiempos opuestos de ello. Porque la ruptura de la linealidad histórica producida por la asimilación de las nuevas tecnologías, hace que los elementos de periodización no sean importantes. Un joven o un niño hoy está en contacto con fenómenos de todos los tiempos entrando a Google, eso tiene ventajas enormes, pero tiene un elemento de diferenciación con nuestra generación y es que creo que es la última articulación de la historia cultural. Eso que nosotros manejamos como concepto de “historia cultural” de rever y revisar lo que había sucedido para hacer lo nuestro no va a pasar y no está pasando, esa civilización empieza a construir una concepción arborescente de la historia, ahí está la concepción rizomática que creo que Deleuzee plantea muy bien. Entonces es otra la constelación. Es mucho más compleja, entramos en la globalidad también en un sentido histórico. Entonces lo que veíamos como preocupación en los 90´, que es la pérdida de unas identidades culturales que tienen que ver con la construcción histórica, no va a pasar así. Sin embargo veo que algunos jóvenes, en este momento de estructura arborescente se interesan por períodos históricos dentro de su cultura. Quiere decir que no todos los procesos de la memoria cultural son uniformes o desaparecen mágicamente en función de las nuevas estructuras tecnológicas. A lo que sí asistimos es a una enorme complejidad de miradas. Desde un punto de vista esa diversidad me parece bien, el problema es cómo se consume, porque parece formar parte de una deglución velocísima en la cual no queda sustrato. Pasamos a un concepto de consumo que liquida los sustratos del pensamiento.

 

–          ¿Qué es, entonces, un poeta performático o performer?

Linda pregunta. Yo al concepto que fui llegando es al de “puesta en voz”, cuyos contenidos vengo elaborando y está en proceso siempre. No sé exactamente el concepto que se maneja respecto a eso. La puesta en voz del poema es una instancia de reapertura creativa del mismo, que no es una instancia de reproducción del poema escrito, es una representación que abre una instancia creativa en otro soporte, y si se opta por ser sólo el espejo mimético de lo escrito, posiblemente desde un punto de vista estético fracase. O sea, que si no tiene una autonomía estética no funciona como poema, y si no funciona en la puesta en voz, el poema no funciona tampoco. O funciona en el soporte escrito pero tiene un alcance distinto, aunque ha avanzado el asunto y se habla de la performatización de la escritura. Hay escrituras atravesadas por la performance, y no hablo de las escrituras visuales ni de las atravesadas por la multimedialidad.

Desde el punto de vista artístico la puesta en voz es una performance que tiene como elemento central el discurso poético por más que se sirva de cualquier otro elemento, ya sea teatral, escenográfico o musical. Y en ese sentido es que, en la necesidad de investigar esto, uno llega a la conclusión de que los griegos, atravesados por la concepción de Platón, ya proponían construcciones para ser dichas ante una audiencia con la armonía de la música y el ritmo de la danza, y que no estaban completas si no eran representadas por el poeta. Entonces no es nada nuevo. La disociación entre escritura y oralidad es interesantísima de estudiar como fragmentación de un concepto de civilización.

El desprecio de las culturas nativas no pasa por la voz, sino por el canon de la escritura, y por las culturas que, no atendiendo a ese canon, son consideradas inferiores, eso respecto a lo antropológico. En lo artístico entiendo que la estructura poética es una composición compleja en la cual hay un tránsito de una voz inmedible e interna, que la escritura es una forma de delimitar esa voz, es como poner un punto al infinito de las voces internas, pero cuyo punto final no está en el punto final gráfico del poema. Hay otra voz que el poema reclama. Es eso que llamamos la puesta en voz, que hace que exista nuevamente en su naturaleza fónica ante una audiencia. Los poetas deben aceptar el desafío de reencontrarse con su más antigua tradición.

 

–          ¿Quién es Luis Bravo?

Es un ser que lleva ese nombre como podía llevar otro, y que se conoce a sí mismo desconociéndose. La poesía ha sido su peregrinación. No la tomo como obsesión, más bien como un camino de conocimiento y aprendizaje. Y de placer, de intensidad vital. Hay una diversidad de formas en las que encuentro lo poético, desde lo escrito, desde la puesta en voz, desde el ensayo, desde las clases. Todas las tareas han sido atravesadas por elemento estético de lo literario, y específicamente por una mirada que siempre tiene en cuenta esta sustancia inatrapable que la poesía representa. Si se hace presente, hay un encuentro y yo lo celebro.

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