Un acercamiento a “Los cantos de bandolor” de Miguel Ángel Olivera

Por Gabriela Capel

Los cantos de bandolor es un poemario del escritor Miguel Ángel Olivera, nacido en nuestro país en 1943. Olivera es un poeta, narrador y tanguero, profesor de Idioma Español y lunfardólogo. Fue preso político durante la Dictadura del ´73. Con más de veinte publicaciones, Los cantos de bandolor es un poemario que fue publicado en el año 2008, cuyo hilo conductor es el dolor de un yo lírico ex preso político que a través de un leitmotiv ligado al tango, toma al instrumento del bandoneón como ejecutor de la tristeza y de la bronca. No se trata de un libro de la queja, sino que se trata de un libro de la venganza, es decir, el yo lírico no lamenta su dolor sino que lo transforma en una venganza poética: estar escribiendo en este momento representa una forma de haber salido vencedor. El libro presenta además un diálogo entre el yo lírico y el instrumento que está planteado desde el título a través del neologismo “bandolor”; se trata de la fusión entre los conceptos del “bandoneón” y el sufrimiento de haber padecido la cárcel durante la dictadura Uruguaya.

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El autor dice acerca de este libro, una vez finalizados los poemas: “Este trabajo es una antología caníbal autoantropofágica, vuelvo en él sobre mi obra, mis dolores, mi bandoneón, mi vida y reescribo desde ellos muy de tripa adentro” (Olivera: sin página). Quiere decir que el poemario será una especie de revisión catártica respecto de lo vivido por el poema.

En lo que respecta al título del libro es claro el guiño a de la obra Los cantos de Maldoror de Isidore Ducasse, el Conde de Lautréamont. Guarda una relación temática respecto al desengaño que hay en relación a la figura del hombre: así como Maldoror es un personaje que ha de volverse oscuro, “Bandolor” será una entidad igual de siniestra y dolorosa que unifica los poemas, los fusiona y le da sentido al libro. Si en la obra de Lautréamont el personaje prefiere haber nacido del tiburón porque cree que es menos sanguinario que el hombre, algo similar ocurrirá con el yo de los poemas de Olivera.

El libro consta de dos partes, una primera que no contiene título ni nomenclatura, aunque sí los poemas, y una segunda parte que se titula “Los cantos”. Los títulos de los poemas rondarán entonces la temática del tango y la denuncia, rozando también la nostalgia.

El libro inicia con un “Credo rante”. Desde el inicio hay una conjunción entre el lunfardo propio del tango y el elemento religioso fuera de lugar, parodiado. Y es que en todo el libro la poesía de Miguel Ángel Olivera sacará de lugar a todo el mundo:

…un agujero negro

en plena frente

en pleno pecho

en pleno abdomen

en pleno bajo vientre

tratando de alcanzar

todas mis muertes

-todas mis vidas-

un tiro en celo

persiguiéndome

y

lográndolo

pero nunca

el olvido

ni

el perdón… (Olivera: 10)

El credo del poeta a lo largo del libro rondará siempre algunas temáticas claras: la muerte, la lucha, el olvido, la persecución y el perdón, reflejadas por ejemplo en el poema “Cadícamo y Cobián”. Allí, a través de la conjunción de dos autores de tango y la intertextualidad con el tema “La casita de mis viejos”[1], el poeta contaminará el sentimiento nostálgico e inocente de la canción original de la siguiente manera:

…mientras se oía un tango

el torturador

“volvió vencido a la casita de los viejos”

y

no lo perdonó

ni la madre…

(Olivera: 26)

Queda claro, a través del poemario, que si hay algo que es irreductible en la construcción poética del yo es el olvido. No habrá perdón ni olvido que el “bandolor” no le haga pagar a los culpables:

…cuidado impunes

que los cieguitos

les pisamos los taliones..

(Olivera: 30).

Finalmente, a pesar de todo, de la oscuridad, de la poesía mezclada con el tono melancólico del tango, y con el dolor y el agobio de haber padecido la dictadura, termina con un sentimiento de esperanza y de justicia:

porque siempre otro tango

puntual  ritual  fatal

que nace en cada uno a cada rato

nos empuja a seguir  a bailar  a querer  a pelear

hasta que el fueye mando…

porque no habrá cumparsita para todos

o no habrá cumparsita para nadie

(Olivera: 39)

Bibliografía:

  • Olivera, Miguel Ángel. Los cantos de bandolor. Montevideo: Ático ediciones. 2008.

 

[1] “La casita de mis viejos” fue escrita por Enrique Cadícamo y musicalizada por Juan Carlos Cobián.

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