Romper novelas: entrevista con Nelson Díaz

Por José Arenas

Conocí el nombre de Nelson Díaz en el año 2005. En aquel entonces yo iba al liceo y escuchaba a la noche el programa “Planetario” que conducía Alejandro Ferreiro. Allí se habló de un poeta que presentaba un libro llamado “Rigor Mortis”, cuya tarjeta de invitación era una cajita de medicamentos. Lo escuché leer algo de allí e inmediatamente mi cabeza viajó hasta su poesía y empecé a acercarme a su obra. Luego supe de dos libros que, ya más joven que adolescente leí con placer, el primero, “El oficio de contar”, una serie de entrevistas a escritores uruguayos, un paseo por la narrativa de ese momento. El segundo, ya más significativo para mí y más hondo, “Memorias de un trovador”, una serie de conversaciones con Eduardo Darnauchans. Luego, ya viviendo en Montevideo seguí más de cerca su actividad de periodista y crítico.

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Periodista, poeta, crítico literario y novelista, hoy, nos volvemos a encontrar, aunque él me encuentra por primera vez. Ahora siguiendo los pasos de su reciente publicación, la novela “Resaca” a través de la editorial Yaugurú, que forma parte de una trilogía llamada “Terminal Moebius”, comenzada con una novela anterior, “Corporación Medusa”, del 2007 y con una novela futura llamada “Metástasis”. Otra vez Nelson Díaz aparece a salvarnos y nos saca de la narrativa tradicional, lineal, ortodoxa de la novela moderna, posmoderna y archimoderna-futurista que pareciera que, aunque se lo proponga, no puede romper con ese viejo esquema. Sacando, claro, grandes excepciones.

Así llegamos hasta el Palacio Salvo y en medio del misterio de sus pasillos nos encontramos con el “último dark” para hablar acerca de algunos detalles acerca de sus novelas, su obra, sus ideas. Nos sentamos frente a frente y con voz tímida, por momentos cortada, pero muy segura, Nelson Díaz nos contó todo. Como gran entrevistador que es, sabe ser un muy buen entrevistado.

 

–          La primera pregunta es en realidad un guiño con tu primera novela y con el libro sobre el Darno; ¿sos un esteta decadente?

Bueno, algo de eso hay. Es un guiño a aquella fotografía que se sacó Eduardo (Darnauchans) que aparece al lado de un grafiti que decía “Darno, esteta decadente”, y Eduardo con muy buen humor, porque hacía gala de un muy buen humor, un inteligente humor se sacó una foto al lado de ese grafiti. Y algo de esteta decadente hay sí en mi obra, pero prefiero tomar la definición tuya –se refiere a una definición que aparece en una publicación anterior, reseñando la aparición de “Resaca”-, me siento más cómodo: el mundo es decadente, yo soy un esteta, nomás.

 

–          De todas las actividades que realizás, ¿cuál es la que te sale más fácil?

Creo que me sale más fácil la literatura. Yo desde chico quería ser escritor eso lo supe de muy joven, y también supe de muy joven que lo más cercano era el periodismo para sobrevivir, para subsistir, y por eso me dediqué al periodismo. Pero yo nunca me considero un periodista en el sentido ortodoxo de aquel que va atrás de la noticia o de la primicia. Sí lo hice en un tiempo, trabajé en Cuadernos de marcha, en La República, Últimas Noticias, o en El Diario de la noche. Pero nunca me consideré periodista en ese sentido, sí hice muchos trabajos como periodista cultural en Brecha, en El País Cultural. Pero me siento un escritor.

 

–          Si no sos un periodista, ¿podemos decir que sos un entrevistador?

La entrevista me interesa muchísimo, porque además la reivindico como género dentro del periodismo. Un género que, por cierto, acá está muy bastardeado. Yo tengo tres libros de entrevistas; “El oficio de narrar” y “El oficio de contar”, que son entrevistas a escritores uruguayos donde hice una especie de mapeo de la situación actual de la narrativa nacional y el libro de entrevistas a Eduardo, “Memorias de un trovador”. Creo que una buena entrevista soporta el paso del tiempo, fíjate que hay un volumen que es una antología del “París Review”, la famosa revista francesa, con cincuenta entrevistas a escritores, y desfilan los grandes; Cormac McCarthy, Hemingway, por decirte algunos, y por ejemplo la de Hemingway tiene más de cincuenta años y se puede leer perfectamente ahora, porque soporta el paso del tiempo, como te decía. Y me gusta muchísimo, dentro de la entrevista, lo que los norteamericanos llaman el “straining”, que es una entrevista que roza el relato, como hace la Rolling Stone. Una nota en la que vos puedas narrar qué hace el tipo, en qué posición está, si miró hacia un costado. Me gustan mucho ese tipo de entrevistas. Hay una que yo conservo como un tesoro que es una entrevista en una Play Boy que le hizo Patti Smith a William Burroughs, y al final no sabés quién es el que entrevista y quién es el que contesta.

Respecto de esto que señala Díaz, hablamos de una de las características de “Resaca”. En medio de su estructura de “patchwork”, la novela hace una ruptura del discurso entre lo narrativo, la imagen, el verso y la cita a diversas entrevistas con algunos de los personajes que aparecen en la novela: a Tom Waits, Patti Smith, a Nick Cave, entre otros. Podemos notar, entonces que el autor tiene un interés por la entrevista que lo lleva a conocer,  a analizar y a dominar el género.

La primera entrevista de la que se tiene fecha fue en mil setecientos y pico, y en realidad al tipo que entrevistaron no lo pusieron en la historia por hacer grandes cosas, era un presbítero de un pueblo. Pero sí pasó el periodista por hacer la nota, porque es el primer registro que se conoce en prensa escrita. Y es la conversación privada más púbica, ¿entendés? Yo ahora sé que esto va a salir. Es una charla que mantenemos tú y yo pero es pública, y sabés que en algún momento te podés desnudar frente al micrófono. Entonces creo que está bueno que el entrevistador tenga la habilidad de, como se dice habitualmente, sacarle el casette al entrevistado, que es muy difícil con los jugadores de fútbol o con los políticos.

 

–          En medio de las entrevistas, las críticas y ahora la narrativa, ¿cómo es el desarrollo de tu rol como poeta?

“Rigor Mortis”, como decíamos antes, es uno de los libros de poemas de Nelson Díaz que salió en el año 2005 y la invitación a la presentación del mismo era una caja de pastillas, como si fuera un fármaco de los que uno consume -cada vez más-, y en el interior contenía algunos comentarios sobre remedios psicotrópicos además de la invitación. La presentación se realizó junto a Fernando Cabrera, en lo que era “El Lobizón”, ya desaparecido.

Antes de “Rigor Mortis” yo tengo cuatro libros de poesía; “Actos y emblemas”, “De rosas, mendigos y otras tempestades”, “Liturgia urbana” y “Malas intenciones”. Con “Rigor Mortis” se produjo un cambio en mi obra, porque yo venía escribiendo poesía ortodoxa, si se quiere, poesía en verso. Me refiero al continente, no al contenido. Y a partir de ese último libro hubo un cambio porque a mí me parecía que con “Malas intenciones”, que fue un libro que editó Banda Oriental con prólogo de Marosa di Giorgio en el 99`, había llegado a un punto donde me pareció que no podía experimentar más con el lenguaje, por lo menos en mi caso, no quiere decir que suceda eso con otros poetas. Me pareció que la poesía había cumplido un ciclo y que yo quería experimentar con otras formas del lenguaje. Y en “Rigor Mortis” hay un cambio de contenidos, de continente, influenciado, me parece, por la generación beatnik básicamente. A partir de ahí empieza un proceso de transformación paulatino, pero ese libro es como el mojón de esa ruptura con la poesía, y si te ponés a pensar, allí aparece Roger -protagonista de la trilogía “Terminal Moebius”-, aisladamente en un par de relatos que yo después desarrollo. Luego no pude volver a la poesía, y Hugo Fontana, medio en broma, me dice que la poesía no admite infidelidades, que si te vas no podés volver. Luis Bravo dice que, en realidad, mis novelas son de construcción poética, pero por ahora no he podido volver a escribir poesía como lo hacía al comienzo.

 

–          Y no pensás volver…

No, porque estoy en esta aventura de experimentar con el lenguaje y siento que me da más herramientas la prosa para hacer eso.

 

–          ¿Con esa experimentación del lenguaje es que nace la idea de la trilogía?

Si, totalmente de acuerdo. Empezó con “Corporación Medusa”, que es la entrega inicial de “Terminal Moebius”, y ahí me di cuenta, cuando terminé la novela y recogí algunos comentarios al respecto, de que cabía una historia de largo aliento y que el personaje podía seguir. Y empecé a trabajar en eso, en tratar de fusionar ficción con realidad porque a mí me interesa saber cómo reaccionan mis personajes frente a la realidad, llegar al punto donde el lector no sabe qué es ficción y qué es realidad desde el punto de vista del personaje. Cosa que es muy especial porque el protagonista evidentemente tiene características de un psicótico y de un esquizofrénico, pero por momentos parece que no, que realmente es un tipo muy lúcido. Entonces esa ambigüedad dentro de la salud del personaje a mí me sirvió para plantearle al lector ese dilema; ¿qué pasaría si la ficción ocupara el lugar de la realidad?

En ese sentido, “Resaca” propone el juego de manera lisa y llana porque Roger se cruza, en su camino o en su misión, con poetas, escritores y músicos que lo guían, le sugieren cosas, lo ayudan, y en la narrativa de Díaz, nunca se sabe si se trata de alucinaciones o no. Más bien parece algo muy real, y quizá sea el lector el que alucina. El juego narrativo de la novela nos pone en una lectura esquizo en medio de la estética en la que está concebida.

 

–          Esa experimentación con el lenguaje ha ido creciendo, porque “Corporación Medusa” y “Resaca” plantean una propuesta muy distinta…

Claro, en “Resaca” hay una profundización en la experimentación, totalmente de acuerdo. Porque, vuelvo otra  vez a William Burroughs, que lo decía en el 60`, la novela lineal está totalmente perimida, lo decía hace más de cincuenta años, y a mí me parece que la novela lineal está agotada y que hay otros instrumentos. Ahora también se puede narrar con fotografías o dibujos. No quiero llegar al comic, lo mío va por otra vertiente, pero sí se puede narrar desde la fotografía y desde el dibujo, y en “Resaca” está incorporado eso, que además también coincide con que la cabeza de Roger, el protagonista, está un poquito más confusa, hay un in crescendo dentro de esa psicosis que tiene el personaje.

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–          Por eso también pienso que este proyecto no podría haber salido en otra editorial que no fuera “Yaugurú”…

No, totalmente de acuerdo, y me río porque antes de salir “Resaca” hubo una editorial que quería sacarlo, pero yo sabía que este tipo de proyecto solo podía hacerlo con un demente como Maca –Gustavo “Macachín” Wojciechowski, director de la editorial-, igual que yo, no podía hacerlo en otra editorial, porque no tendrían el cuidado en el diseño que tiene Yaugurú con Maca.

En otra editorial seguramente saldría como una publicación estándar y yo sé que Maca le da un cuidado muy especial. Tiene todo un significado. En “Corporación Medusa” las páginas son totalmente azules y las palabras están en blanco, como una diapo azul. En “Resaca” es al revés, las hojas están en blanco y la letra es azul, y el azul está muy presente en la cabeza de Roger porque para él, el azul es el color más puro que existe. Él asocia el azul a la pureza y el negro a lo inquietante, aunque él se viste de negro. Hay un cuidado estilístico y de diseño. Eso hace que la novela toda, como objeto cobre otro significado.

 

–          ¿Roger es un alter ego?

Sí, es un alter ego, y a mí me permite desde la ficción decir cosas que en la vida real no podría decir porque me llevaría un cachetazo cada cinco minutos, por ejemplo. Pero la ficción tiene eso, podés decir cosas que pensás o decir cosas de manera más radical, exageradamente. Hay cosas que dice Roger que yo no pienso, o él las dice con otro lenguaje, pero yo considero que Roger es un alter ego.

 

–          ¿La vida de Roger es más interesante que la tuya?

Totalmente, yo escribo y hablo por la radio. Él, además tiene una misión mucho más loable que la mía, él tiene que enfrentar a la estupidez.

Al respecto de eso, en ambas novelas, Roger tiene un objetivo determinado y claro, se enfrenta a los Largactiles, que son personajes-agentes de una corporación que nos ataca. Formando parte del grupo Los Perros Terrestes, Roger y sus amigos se enfrentan a la Cofradía de la Estupidez Universal. Una mafia de operación que, al pensar en la novela y mirar alrededor, se nos distorsionan un poco las realidades. El autor dice al respecto de la corporación:

Yo creo que si no la hay, anda pegando en el palo, porque teniendo en cuenta la estupidez que anda dando vueltas, bien podría haber una corporación. Yo pienso igual que Roger en muchos aspectos, solamente que yo no lo digo, él es más sincero. Hay mucha estupidez y la estupidez se reproduce. El personaje, con su grupo de amigos, intenta resistir el avance de la estupidez. Yo ya me rendí, Nelson Díaz se rindió.

Comparado con “Corporación Medusa”, Roger se encuentra más solo en “Resaca”, sus amigos han “madurado”, o se han dado cuenta de que la lucha de Los Perros Terrestres no era tan acertada. Nelson Díaz habla de Onetti cuando decía que nos sucede a todos algo similar; hasta los treinta años somos paladines, el asunto es ver qué pasa después. En este caso Roger o se ha vuelto más loco, o está más convencido de su lucha.

 

–          En “Resaca” hay una presencia muy marcada de los malditos…

Sí, y eso es un gusto personal, porque en mi casa había una biblioteca muy grande cuando yo era chico. Pero yo recuerdo pocos libros de poesía española, por ejemplo. Mucha gente habla de la Generación del 27´, bueno yo leí a Rafael Alberti y a muchos más, pero en casa, no sé por qué motivo, porque si te fijás en mis apellidos son españoles, había mucha poesía francesa. Creo que viene por el lado de mi madre, y sobre todo de vanguardias, yo recuerdo haber leído dadaísmo, surrealismo, hermetismo italiano y neohermetismo italiano. De ahí me acuerdo de Vittorio Sereni, Alfonso Gatto, Salvatore Quasimodo, pero la presencia de esos libros me llevó a criarme en cercanía con esos autores llamados malditos, con la tradición francesa del malditismo, que comienza con Francois Villon, considerado el primer poeta maldito.

 

–          También hay algo de esas vanguardias que mencionaste, la novela podría ser un cadáver exquisito…

Sí, es una buena definición. Es un cadáver exquisito de largo aliento. Está muy presente esa modalidad porque a mí la novela lineal me aburre, no es un problema de que esté mal o bien escrita, a mí me aburre muchísimo, y me parece que con esta estructura conseguí, al menos, no borrarme a mí que es lo principal para escribir, y están muy presentes las vanguardias; el dadaísmo, el surrealismo. También la generación beatnik que fue, para mí, uno de los últimos hitos, una de las últimas rupturas, que también la hubo en la música, y a mí me parece interesante. También me interesan las vanguardias uruguayas como Alfredo Mario Ferreiro –autor de “El hombre que se comió un autobús” y “Se ruega no dar la mano-.

De la generación del 45`, Humberto Megget me gustó muchísimo, un tipo que murió muy joven, que publicó un solo libro –Nuevo sol partido- y que creo que, de haber vivido, hubiera sido mucho más importante que algunos popes de esa generación. Era otra cosa, se había despegado totalmente de ellos.

 

–          Y finalmente, ¿Quién es Nelson Díaz?

Nelson Díaz es un tipo que hace bastantes actividades, múltiples, todas relacionadas con el periodismo y con la escritura principalmente, con el hecho de escribir, sea una nota o una novela. Con ciertas inclinaciones a lo artístico, fui músico aunque hace mucho que no toco, pero la idea siempre está, lo que pasa es que no tengo tiempo y tampoco me seduce mucho lo que hay en la vuelta para hacer música. Pero para mí la literatura está presente siempre, yo por trabajo tengo que escribir todos los días. No escribo todos los días ficción, sin embargo el proceso mental de escribir ficción está siempre presente, a eso le llamo proceso de maceración, porque aunque esté haciendo otra actividad la idea siempre está en la cabeza, siempre estoy pensando en la novela que estoy escribiendo. Puedo pasar diez días sin escribir, pero cuando me siento a escribir es porque en esos diez días ya resolví un montón de temas de la trama o de la historia.

 

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