Montevideo y los Viejos Vinagres

 

Por José Arenas

En medio de promesas acerca del combate al alcohol con la imposición de impuestos, con la intensificación del frente hecho al cigarro y otras delicias de moral, orden y salud, se clausuran dos espacios de actividad cultural en Montevideo. Desde finales del 2014 y principios del 2015, esta política se ha repetido ya varias veces.

Montevideo agoniza. Aquella que fuera Capital Iberoamericana de la Cultura, aquella que llevó encima ese título con aire de fantoche que podía ser refutado con una simple mirada a las políticas culturales del momento, tropieza una vez más con ciertas visiones y actividades censoras, hijas de un aire místico e higiénico que, lamentablemente, crece y crece como un desierto.

Esa ciudad, capital de un país que promete a la prensa de distintas partes del mundo ser un lugar de progresismo, de aire brilloso lleno de libertad, el edén de los homosexuales que sueñan con casarse o la tierra desatada de los cultores de cannabis, esconde en realidad -atrás de la máscara sonriente- un virus culposo y conservador, un sueño dorado y americano que sea ha guardado durante años con la esperanza de ser soltado para que nos devore cuando todos estemos distraídos.

Atrás de los cartones de la libertad y la cultura, están agazapados los viejos vinagres –aquellos de quienes nos hablara la canción de Sumo-, un ejército normalizador de ciudadanos y funcionarios que va detrás de la música, de la gente que charla y comparte un cigarrillo en la calle, de los que guardan ese espíritu maravilloso y salidor de otro Montevideo. Y en medio de promesas de redoblar esa apuesta poniendo impuestos a uno y otro “vicio”, pronto veremos detrás de qué otras cosas van estos refutadores del placer individual.

Es dentro de esta ola de corrección y limpieza que la semana pasada cayeron dos espacios culturales de la ciudad, se trata de la Sala Vaz Ferreira de la Biblioteca Nacional y del espacio de conciertos y boliche Paullier y Guaná. Dos lugares cerrados (o casi cerrados en caso de la Sala Vaz Ferreira) en una semana.

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El Auditorio Vaz Ferreira estaba desde hacía un año en manos de la Cooperativa de las Artes de Uruguay (Cooparte), quienes lo utilizaban como espacio para la presentación de diferentes exponentes de la música popular uruguaya actual en un marco de conciertos. El pasado 16 de Junio el director artístico Gustavo Colman y el director ejecutivo Mario Varela enviaron un mail comunicando que quedaban suspendidas las actividades artísticas planeadas para después del 18 de Julio de este año, ya que el convenio había vencido y las nuevas autoridades de la Biblioteca Nacional habían decidido volver la sala al ámbito académico.

“Recordamos a todos los interesados en realizar actividades en el Auditorio Vaz Ferreira que deberán dirigirse directamente a la Biblioteca Nacional y realizar las consultas al respecto. Ya no estarán disponibles nuestros servicios de sonido, luces, reserva y venta de entradas, asistentes de sala, personal técnico, el servicio de comunicación y prensa y la impresión de afiches. Agradecemos enormemente a todos los Artistas, Productores, Gestores y medios de Prensa que acompañaron y sintieron como propio el desafío de revitalizar el Auditorio Vaz Ferreira. Como siempre, cuenten con nuestro más absoluto respaldo; intentaremos en un futuro seguir abriendo espacios para la música y la cultura uruguaya”. Así comunicaba parte del mail enviado por Colman y Varela.

La noticia causó alboroto en las redes sociales de los artistas, colaboradores y asistentes a la sala, entre ellos muchos músicos que ya habían participado en alguna de las fechas organizadas desde el año pasado en el ciclo de conciertos que tuvieron lugar en el auditorio. Dentro de las consideraciones hechas respecto a este particular, el proveedor de sonido de la sala, Germán Fassler, explicó algunas bondades técnicas que poseía la sala para la realización de conciertos en ese espacio, entre ellas destacó que la sala era la única en el país que había sido construida y planificada como auditorio, por lo tanto la acústica del lugar era casi perfecta para las actividades musicales de todos los géneros que allí tenían a cabo.  Es dueña de una acústica y una calidad sonoras que  únicas. Además, antes de la llegada de Cooparte, la sala era utilizada únicamente para actividades de corte académico o por centros educativos para actividades de extensión cultural.

Al parecer esta noticia no era suficiente para el espíritu conservador y traidor del “sueño Ingalls” que habita el aire montevideano, así que ayer se supo que, gracias a algunas insistencias, el boliche y espacio cultural Paullier y Guaná fue clausurado por “ruidos sociales”.

También se hizo pública la noticia a través de la cuenta de Facebook del local: “Nos desmotiva que habiendo hecho tanto esfuerzo por el vecindario, los artistas, la cultura y el público en general, hayamos llegado a este punto en el cual las medidas son tan duras. Soportar una clausura es muy difícil, tanto en lo económico como en la gestión general del establecimiento. Actualmente Paullier y Guaná le da trabajo a 25 personas directamente. Este tropezón no será una caída definitiva. Creemos en lo que estamos haciendo y lucharemos por ello”. El comunicado tiene firma de Pepe Álvarez.

La ciudad se vuelve un lugar de orden. Quizá lleguemos a un punto de las decisiones políticas donde tengamos que enfrentar, similar a la ciudad de Buenos Aires, una ola de clausuras de centros culturales por ruidos molestos o los ciudadanos que todavía reivindica una atmósfera de Vaticano que además, tiene (y seguramente tendrá aún más) respaldo en las autoridades de turno. Tendremos que esperar qué impacto tiene en la vida de la noche en Montevideo este entusiasmo de los viejos vinagres.

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