El hombre baboso y la “anti-revolución”

Por Elina Trillo

 

Personalmente, como a la mayoría de los usuarios, las redes sociales me sirven como una modalidad de espionaje involuntario y voluntario. Lo cierto es que el aura panóptica de las redes es peligrosa, tensa, represora, pero también es atractiva en tanto que uno está bajo el campo de vigilancia a la vez que ejerce el poder de pararse sobre la torre con una posibilidad de ojo que todo lo ve. Y en ese terreno, uno se encuentra con toda serie de interesantes absurdos y tentadores sinsentidos.

En ese revuelto de noticias que aparecen en Facebook descubro hoy una curiosidad. Entro y veo a una ex compañera de escuela, rubia y de ropa ajustada que sube una serie de “selfies”; ella mirando a cámara, ella frente a un espejo, ella frente a un vaso de Sprite. Su cara transmite inocencia, un aire de falso desconocimiento del simbolismo que tiene ese acto político. Aunque ella sepa que su pose inocente le quema la cabeza a muchos varones que ven sus fotos, y a algunas mujeres seguro que también, estoy seguro de que no dimensiona que lo suyo es una acción política.

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Desplazo la pantalla hacia abajo y veo más fotos de esta rubia comedora serial de “inicio” en la red. Ahora estas fotos son distintas, tienen una carga artística un poquito más alta, aparecen algunos paisajes y, por supuesto, en una de las fotos también aparece ella, ahora con una calza tipo “animal print” y una remera muy corta donde se le ve el piercing del ombligo, sonríe a cámara y con una mano hace un gesto de “fuck you”. Seguramente se trata de un desafío fuerte y convencido al sistema, o quizás no. Miro las fotos con más detenimiento y me entero de que son tomadas por su hermana más pequeña que es -o intenta ser- fotógrafa, tienen una definición alta, colores obvios y trillados, pero no puedo evitar que algunas de ellas me llamen la atención. Toda esa colección de imágenes ha sido distinguida con una enrome cantidad de “me gusta”, símbolo social de aprobación y valoración, y claro que la foto en la que aparece ella tiene una cantidad ampliamente más elevada.  Lo curioso es que dentro de los últimos “me gusta” que aparecen en la foto distingo el nombre de un conocido. Un muchacho con el que tuve amistad en algún momento y luego el tiempo o la costumbre la fueron disolviendo, una de esas amistades gastadas que uno no extraña. Inmediatamente veo que su nombre aparece en todas las fotos, luego reviso las anteriores, aquellas subidas un momento antes donde la chica posaba sexy con maquillado desinterés y veo que también está su nombre. Pienso si su “me gusta” aparecerá en otras fotos, así que entro a las fotos de perfil y veo que aparece sólo en algunas: la rubia en bikini, la rubia con escote, la rubia mostrando la espalda, la rubia lamiendo un helado, y así varias más. Recuerdo algunas cosas de este examigo.

En principio recuerdo que siempre intentaba seducir a este tipo de chicas, aquellas que se tomaban esas fotos, aquellas que parecían tener el look antes descrito, especialmente aquellas que tenían algunos años menos que él. Siempre varias chicas a la vez, siempre aquellas que otros hombres calificaban como “fáciles”, no de modo despectivo, simplemente como una definición, una clasificación para mejor identificación de la fémina en cuestión.  Recuerdo también que su intento de seducción incluía invitar tragos, conseguir teléfonos, escribir mensajes en Facebook, etc. Aun cuando tenía novia. Pienso en el presente de mi examigo, en este momento en el que veo su vigilancia y, por qué no, búsqueda de esta bella rubia, y recuerdo que hace apenas algunas horas vi fotos de él con su actual novia en actitud casi matrimonial, entonces se me pega inevitablemente el común adjetivo de “baboso”.

Pienso en el perfil del baboso, y especialmente en el de este tipo de babosos, que son muchos y que son los que más conozco, ¿para qué tiene novia si persigue a otras mujeres? ¿por qué persigue a otras chicas sosteniendo una imagen matrimonial? Entonces se me ocurre que la figura del hombre baboso es anti-revolucionaria. El hombre baboso es la figura de la anti-revolución.

El hombre baboso necesita mirar y acechar a varias mujeres de este estilo para marcar su virilidad, es un desafío a sí mismo, es una medida; cada mujer es una posibilidad de conquista y cada conquista es una cocarda en su ejercicio falocrático. Allí rinde homenaje a su falo, ante su visión masculina del manejo del poder, cada mujer que logra conquistar será un aporte a la hombría. Quizá no importe si hay o no hay sexo, lo importante, de manera simbólica es el esquema que se repite en si cabeza: el hombre irresistible logra una nueva distinción ante la figura femenina. Al mismo tiempo él cree rendir homenaje a la figura femenina, se trata de su halago hacia ella. Aquí un primer aspecto de la anti-revolución; el falo continúa su poderío, es le perpetuación del biopoder en tanto que dominación del humano sobre el humano, en este caso se trata del galán/baboso que logra la mirada de la mujer que lo define.

Otro aspecto de la anti-revolución tiene que ver con la figura de la novia que el baboso insiste en conservar ¿Por qué es necesaria? La novia se trata de otro elemento de delimitación, es la simbolización de un concepto. La novia estable durante su ejercicio falocrático es una coherencia con su idea de hombre ya que pertenece a su aspecto conservador, en la figura de la novia descansa la idea de que su imagen social de la familia no es el amor libre, no es la poligamia, no hay una concienzuda reflexión en contra de la institución del matrimonio o la familia, sino que efectivamente él responde al sistema neoliberal y su proyecto tiene que ver con la formación de un núcleo familiar tradicional, quizá con hijos, pero seguro con esposa estable, formal, casada como el falo –Dios- manda. Alejadísimo está él de pretender tener varias novias, de mantener relaciones abiertas, mucho más lejos aún de aceptar una mujer con ideas abiertas. Su esquema es el matrimonio, la pareja tradicional donde la figura de la fémina responde a la consolidación del poder masculino. Quiere decir que necesita de su pareja y de las mujeres que busca y observa para ejercer su condición de baboso, terminando así de formar parte del sistema: matrimonio, heterosexualidad, poder masculino. Mantiene su pareja tradicional en favor de la sociedad, pero se permite el roce con un fantasma de sexualidad abierta, así se ciñe a los límites del sistema capitalista conservador.

Quiere decir que con un acto de aparente frivolidad -como puede ser darle me gusta a la foto de una llamativa rubia, en el ejercicio de la falocracia tradicional-, la figura del “baboso” deja traslucir su postura de anti-revolución. El hombre ejerce el biopoder, pero al mismo tiempo es una víctima de esa forma de dominio. El baboso como arquetipo machista vive en la ilusión de trasgredir, cuando en realidad está repitiendo, triste y para siempre, la tragedia de su falo.

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