“El lindo oficio de las canciones”: entrevista a Walter Bordoni

 

El cantante y compositor montevideano presenta “Talismanes y espejismos”, su nuevo CD + DVD en la sala Hugo Balzo del auditorio del Sodre. El concierto será el sábado 29 de Agosto a las 21:00 Hs, allí hará un repaso por su carrera y sus canciones. 

 

Walter Bordoni forma parte de ese conjunto de demiurgos creadores de canciones inverosímiles e inclasificables, disparos musicales de poesía que aunque hicieran el esfuerzo, no podrían ser más montevideanos de lo que ya son. Allí, en la obra de Walter chocan amorosamente la milonga con el rock, con el tango, con el blues, haciendo en definitiva, canciones al viejo estilo, bellas letras, bellas músicas, historias firmes, como aprendió de algunos de los –confesados- admirados Bob Dylan o Dino, entre otros. La música de Walter no admite etiquetas, quizá las rechace porque lo único que importa es la canción, la historia, la épica, el fundamento.

Hasta su casa llegamos, allí, en su estudio, con varias guitarras y  su piano eléctrico pueden verse fotos y tapas de discos de los Beatles y una enorme fotografía de quién será mencionado varias veces en la charla de Bordoni con una admiración cariñosa. Alguien que está en sus canciones y en su formación como cantautor; la figura de Eduardo Darnauchans ocupa el centro poética y oscura. Luego una gran ventana que muestra una parte de la ciudad y algo de la rambla. Unas niñas juegan en el parquecito varios pisos más abajo y nosotros hablaremos de canciones, de discos, de libros de su concierto en la Sala Hugo Balzo del auditorio del SODRE, de la poesía, de la vida.

Uno de los temas para introducir lo que será nuestra charla es el derecho de autor, el músico cobra por reproducción y difusión de sus canciones, derecho que ha permitido la existencia de algunos grandes exponentes que se hicieron conocidos en la voz de quienes los interpretaban.  “Lo que paga más es la televisión –dice Bordoni al respecto-, en particular la televisión por cable, circula mucho acá y en el exterior. Te rinde mucho más tener un videoclip si se pasa bastante que, quizá, todo un disco difundido”, además de eso, el autor en cuestión ha sido versionado por algunos cantantes y bandas, pero en Uruguay el oficio de cantautor es bastante ejercido, por lo tanto, salvo algunas excepciones no existe tan patente la costumbre de grabar a aquellos que sólo componen. De todos modos, en otro momento pudimos conocer autores a través de algunos referentes del canto; “hay un caso muy claro que es el de Ruben Lena, por ejemplo (…) a veces dicen que el músico se gana la vida tocando en vivo. Primero, eso es discutible, pero además hay autores que no son intérpretes. Aunque quizá en este momento, de repente, hay pocos”.

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Foto: www.montevideo.com.uy

En la obra de Walter Bordoni, al igual que en la de varios de su generación, aparece la figura de Juan Carlos Onetti como un fantasma obligado. Dice una de sus canciones: “somos vasallos de la corte de Juan Carlos/ san Onetti, fundador de este rincón/ vamos silbando la canción de los leprosos/ piojosos peleando por el gol del honor”.

 

  • ¿Sos un vasallo de la corte de Juan Carlos?

Soy, totalmente. Creo que atraviesa un poco, no sé en particular en mi generación, pero me parece que la mirada de Onetti en la obra de Fernando Cabrera está, incluso en la de Jaime Roos. Jaime tiene un tema en su primer disco que se llama “El infierno tan temido”. En mi obra está y yo siento que Onetti tiene una visión que es compartida, a veces, con el universo del tango, por ejemplo, esa cosa de que somos oscuros, grises, depresivos, y nos guste o no, es parte del color de los rioplatenses, y por eso creo que esa mirada está en parte de la obra de muchos compositores del Río de la Plata.

 

  • Y, particularmente, además de eso ¿qué hay en tus canciones?

Yo tengo muchas canciones que son bastante narrativas, que cuentan historias que pasan en la ciudad, hay un vínculo que se retroalimenta con la literatura y con composiciones de autores que son una influencia central para mí, como el caso de Dino, el caso de Eduardo Darnauchans, creo que básicamente va por ahí. Tengo esa veta de canciones que son más narrativas y tengo otra, como el caso del último disco, “La cifra infinita”, que son más poéticas, por cosas que se dieron, las letras son todas mías pero hay varias músicas de otros compositores que me llevaron para un universo más poético. Pienso en las músicas que me dio Jorge Galemire, por ejemplo, que no me llevaron tanto para la narrativa.

 

El último disco de Walter cuenta con un gran trabajo de coautoría, allí aparecen sus letras con músicas de Dino, de Jorge Galemire, de Tabaré Rivero y de Alejandro Ferradás. Para ello, algunas canciones fueron concebidas primero desde sus músicas, y otras, desde sus letras, a las que los músicos fueron llenando de melodía. “La cifra infinita” muestra a un letrista maduro, que consolida algunos de los temas tratados en discos anteriores y que despliega una capacidad enorme para la poética de la canción. “Son dos procesos inversos que a mí me resulta muy estimulante. Siempre digo lo mismo; en arte dos más dos, nunca da cuatro”. Ya en el disco “Aguafuertes montevideanas”, hecho a dúo con Gastón Rodríguez aparecían algunas obras en colaboración, trabajo que continuó al formar parte de “Los Kafkarudos”.

 

  • ¿Es complejo el oficio de cantautor?

No, personalmente, no me cambia el tema de escribir todo yo o en coautoría. No las siento diferente a esas canciones que tienen una parte que no compuse yo, las siento como canciones mías. Cuando canto la “Balada del 7 de Marzo” me olvido que la música la hice con Ferradás, lo mismo con las canciones que hice con Galemire, o con Dino. En el único caso en que me pasa que cuando voy a cantar esa canción siento la presencia del coautor al lado mío es con “Madrugada filipina” que es la canción que escribí con “el Darno”, porque es una canción muy especial, escrita con alguien que no está y que tiene una presencia muy fuerte en todo lo que yo he hecho. Es el único caso en que siento que hay una presencia que es diferente y que pasan cosas diferentes a cuando encaro la interpretación de otras canciones.

 

  • ¿En qué momento decidiste dedicarte profesionalmente a eso?

Es algo que yo siempre quise hacer, cuando era más joven tuve intentos y nada de lo que había hecho me gustaba, entonces alternaba, escribía algunos cuentos, alguna poesía, nada que haya visto la luz ni que merezca ver la luz, pero como que fui moldeando en esos terrenos. Y a partir del 83´yo empecé a tomar clases con Luis Trochón, clases de guitarra, de armonía, estudié un año solo, pero siempre lo recuerdo muy especialmente porque fue el tipo que me impulsó a componer, y a partir de ahí escribí una primera canción como modo de ejercicio para las clases y salió algo que me gustó, y a partir de ahí no paré más. Siento que es mi rol, que es el terreno donde yo puedo aportar un poco más a la música en general. Yo no me considero un gran intérprete, ni como cantante ni como instrumentista, y compositor, si bien no soy un gran compositor, creo que es donde yo puedo aportar un color distinto al panorama de por sí muy rico, de la canción uruguaya.

 

  • ¿Qué cambios hay desde “El gol de la valija” hasta el último de tus discos?

Bueno, es el viejo tema de la búsqueda de una voz propia. Yo siento que los dos primeros discos, “El gol de la valija y otros cuentos” y el segundo “Flor nueva de películas viejas”, son dos discos a los que yo les tengo mucho cariño, fundamentalmente al primero, pero siento que son discos más amateur donde las influencias están demasiado presentes, y es natural que así ocurra. Nunca puedo recordar qué director fue pero dijo que “la primera película de un director es la cuarta” y parece un juego de palabras pero es así. Con los discos pasa lo mismo, imagino que con los libros también. Salvo cuando aparece alguien que es un genio que desde el primer disco ya tiene una voz muy personal, el primer disco de los Beatles, o el primero de Darnauchans, ya ahí te das cuenta de que hay una voz muy personal que no se parece a nadie, si bien su madurez llega con “Sansueña”. Con el devenir de los trabajos siento que el tercer disco “Aguafuertes Montevideanas” es un antes y un después para los dos, creo que encontramos una voz más propia.

 

La obra de Walter tienen una marcada influencia de la tradición literaria, cosa que hace sólido el discurso de sus canciones, más allá o más acá siempre en sus discos está el fantasma de la letra, ya sea porque sus canciones tienen un trasfondo “narrativo” al contar historias o por influencia directa de Borges, Roberto Arlt o el Romancero antiguo. “A veces me dicen que soy muy citador, no es para hacerme el camba y el intelectual, pero el mundo de los libros, los discos y el cine está demasiado presente en mi vida”. De la misma manera, hay en su confluencia de aires y géneros, una nostalgia tanguera, montevideana, como si las canciones salieran de un barro ciudadano y, orgullosamente se dejaran las manchas, como un vestigio bello del origen; “cuando querés acordar te das cuenta de que eso tiene que ver contigo. Hay gente que lo descubre en el exterior, se criaron acá escuchando heavy metal o jazz y de repente se encuentran en Barcelona o Nueva York y lo primero que le surgen son viejas retiradas de murga y tangos. Al tango lo veo, no tanto como un género, sino como una visión del mundo y de la vida, y está muy presente en todos nosotros. Si mirás el rock uruguayo ves que muchas canciones como “La lluvia cae sobre Montevideo” de Los Traidores o el “Candombe de la Aduana” de Níquel, o podría pensar en algunos otros, tienen una melancolía que es tanguera mil por mil. Si sos medianamente sincero, esa mirada está”.

 

  • En tu obra la influencia de géneros es muy variada, ¿te sentís más perteneciente a uno en particular?

Hay una palabra que a veces suena grandilocuente, que es la palabra trovador. Yo creo que es lo que somos nosotros, pienso en Cabrera, en Dino, en el Darno. Somos tipos que utilizan el formato canción para contar historias, y que tenemos una base que viene de la música “pop-folk-rock” anglosajona que es parte de la banda sonora de nuestras vidas, la música de los Beatles, de Bob Dylan, esa es mi columna vertebral, yo sería un farsante si eso no apareciera en mi música. A su vez esos e fusiona, medio maquillado, con cosas que vienen, en mi caso, de la milonga y el tango. Yo a veces tomo elementos del blues pero no me interesa hacer un blues ortodoxo, y cuando hacés una milonga también la hacés con guitarras de cuerdas de acero como nos enseñó el maestro Dino. Nadie nace de gajo, somos parte de un proceso, yo, humildemente me considero un continuador de esa gente que a finales de los 60´empezó a hacer una música que venía de la música “beat” pero que nos representara localmente. En cuanto a la manera de cantar también, las historias que se cuentan, no es solo cantar en castellano, también hay una búsqueda de cantar en uruguayo, de un lenguaje propio.

 

En la música uruguaya hay un grupo de “des-generados” entre los que se haya la obra de Bordoni, allí podríamos encontrar a Dino, a Darnauchasns, a Fernando Cabrera, a Jaime Roos o a Mandrake Wolf. Compositores que, si bien por cuestiones comerciales solemos asociar a un género, en realidad mezclan muchos caminos en sus obras y hay candombe, rock, milonga, tango, zamba o vals.

 

Y, bueno, en general de todos los nombres que mencionamos, la gran mayoría, excepto Jaime que es un tipo muy popular, el resto nunca generó grandes booms de ventas de discos, ni de ventas de entradas, pero a su vez es un tipo de canción tiene la ventaja de tener una gran permanencia. Hay un tipo de canción que genera todo eso pero responde a la moda, y el problema de la moda es que justamente “pasa de moda”. En cambio algunas canciones de estos maestros que hemos mencionado, tienen treinta o cuarenta años y siguen teniendo vigencia, siguen sonando y yo te apuesto a que dentro de cuarenta años más van a seguir sonando.  Hay otras canciones de moda que pasan dos o tres años y desaparecen. Leonard Cohen decía algo muy interesante: “el que se casa con el espíritu de su época será viudo en la próxima”.

 

Además de su carrera como cantautor, Walter forma parte de “Los Kafkarudos”, una banda formada para la grabación de un disco, “Volumen II”, donde todas las canciones son compuestas en coautoría con los integrantes: Tabaré Rivero, Alejandro Ferradás y Dino. Otro grupo de trovadores entre los cuales, en principio iba a estar Eduardo Darnauchans, pero por razones que todos conocemos no llegó a grabar en el disco, de todos modos su espíritu imponente está marcado en dos canciones; la ya citada “Madrugada Filipina” y “Quisiera llamarme olvido”.

A veces, a Bordoni el oficio de contar historias se le escapa de la canción, por eso escribió un libro de cuentos, “Penúltima Apuesta” que salió el año pasado a través de la Editorial Yaugurú: “tenía algunas historias que claramente no podía meter en una canción” “di con el taller virtual de la Literatura Según Levrero, lo hice con Mario Levrero ya muerto, con la evaluación de su socia la escritora Gabriela Onetto, pero con los ejercicios y consignas tal como los había diseñado Mario, y el seguimiento corría por cuenta de Gabriela, y me ayudó pilones, encontré lo que iba a buscar”

 

  • Después de todo ¿quién es Walter Bordoni?

Te puedo decir quién me parece a mí. Es un tipo que es un artista, que como actividad central se dedica a las canciones, que también hace otras cosas, publicó un libro de cuentos pero todavía no se recibió de escritor. Es un músico que, además, tiene un libro. No sé, un tipo que trata de ser siempre sincero, primero que nada consigo mismo. Cuando canto nunca trato de disfrazarme de otro, de podrá gustar más o menos pero ese soy yo. El Darno tiene una canción que dice “yo soy lo que canto”, yo no solo soy lo que canto, soy el otro tipo que va al estadio a hinchar por Peñarol y gritar barbaridades, pero también soy esto, al menos mi cara visible. Un montevideano de 53 años ya, que se dedica al lindo oficio de las canciones.

 

 

 

 

 

 

 

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